martes 27 de octubre de 2009

Mexicanos al grito de guerra

Cuando pequeña básicamente obligaba a mis padres, precozmente desencantados de la política nacional (de la internacional también, pero esa es otra historia), a ir a votar. Hoy entiendo un poco más su desencanto y su falta de ánimos, aunque ahora vamos juntos.

Mi abuelo y mis padres me inculcaron una conciencia cívica desde el preescolar y desde entonces la voz en mi mexicano cerebro no se ha callado. El problema es que conforme la situación a nuestro alrededor se complica, la voz se vuelve más fuerte pero la escucho más confundida. Antes marcaba un camino a seguir, tenía reglas específicas y, al menos en cuestiones patrio-cívico-políticas, me daba un patrón bastante claro de lo que era el bien y el mal. Hoy día levanta una grosera cantidad de preguntas antes de emitir juicio alguno.

Me sobrepongo a la dificultad de la madurez, me da gusto pensar, razonar, analizar. Lo que no disfruto es la cantidad bárbara de preguntas sin responder, y más a aún, las que aquellas luego de análisis se me responden luego como erróneas.

Los últimos años la justicia ha ido mutando, la democracia ha pasado por varios disfraces -siendo mi favorito el de la burda partidocracia disfrazada de oligarquía-, y los ciudadanos hemos terminado confundiendo nuestro papel como parte activa del país haciéndolas de siervos, de fieles testigos de los varios mesías políticos, de hijos abnegados de la Madre Patria, y el próximo año de mexicanos orgullosos de nuestra historia.
El mexicano dentro de mí está confundido y no entiende la lucha contra el narco, el paquete fiscal, los festejos del bicentenario de la Independencia y los cien años de la Revolución (así con mayúsculas porque son súper importantes), los bajos niveles de competitividad, civismo y educación, la falta de visión y el conformismo que se apodera de nosotros porque creemos que no nos van a asaltar o matar entonces podemos soportar todo lo demás.

miércoles 21 de octubre de 2009

Náusea


Hay días en que me miro al espejo y me veo gorda y ningun trapo lo cubre, hay días en que me veo fea y no hay maquillaje que lo arregle, hay días en que me veo desvelada, cruda, triste, feliz, y nada a mi alrededor lo cambia. Hoy me vi vacía. Y no sólo yo, sino todo al rededor.

Todo careció de sentido, todo perdió su significado, su valor -monetario y sentimental-. Eso por lo que trabajo, eso por lo que ayer vivía, lo que me hacía feliz. No hay presente, no hay pasado y, mejor aún, sin ellos no hay por qué pensar en un futuro. Las cosas son lo que son. Sin más. Hojas, colores, pedazos de plástico ensamblado, alambres, ingredientes, luces, letras, personas, vanas figuras que no simbolizan absolutamente nada. Articulo en voz alta -todavía frente al espejo- el nombre de algunos de estos objetos "ca-ma... ven-ta-na... pan-ta-lón" y tampoco evoca nada. Podría ver un auto y nombrarlo de cualquier otra manera. Podría convertir a la nada en un universo completo y de nuevo no significaría nada.

Un día de existencialismo puro y se acaban las buenas intenciones -las malas también-, el deseo, el hambre, las lágrimas -pero también la risa-, la yo gorda, la yo fea, y la yo del reflejo de mañana.

lunes 19 de octubre de 2009

El libro de mi vida




Me tiro en mi cama a verlos a todos, los rostros de las personas que han formado mi vida. Me gusta tenerlos en mi cuarto cerca de mí para recordar los momentos. Es como leer el libro de mi vida, y con el paso del tiempo ese libro se lee distinto. A veces desaparece una foto, una carta, un recuerdo como el final de un capítulo; a veces aparece uno más como el inicio inesperado de otro; a veces surge del olvido y se apodera del espacio que le pertenecía retomando la historia desde donde se quedó. Es como leer "Rayuela" de Julio Cortázar. Se puede leer en varias direcciones, sentidos, y conforme cambia el estado de ánimo también cambia la interpretación que se le da.


Quito una foto grupal, sólo por poder prescindir de ella.


Agrego el boleto del último concierto y una foto del viaje.


Guardo postales de quienes han regresado y reacomodo a quienes siguen aquí.


Hago espacio para los que faltan y entonces saco del cajón la foto empolvada de mi graduación, el último día de gracia que el tiempo nos dio hace casi 6 años (es hasta ahora que hago cuentas), y hoy vuelve a tomar su lugar. Nunca te fuiste, pero estabas escondido esperando volver.


Seguro hoy comienza otro capítulo.

martes 6 de octubre de 2009

Fin


Todo tiene un final, ¿no? Sabemos todos nuestro destino final. Y así como nosotros casi todo en el mundo tiene un límite de tiempo (incluso el plástico). Pero hasta para el más religioso los finales son un conflicto. Creo que para muchos esto es lo que marca la diferencia entre la religión o la falta de ella, motivados por la misma razón: la muerte. Si somos religiosos podemos, aunque con dolor, justificar la partida. Si no lo somos, la vida terrenal nos basta, aunque con dolor, para hacernos a la idea de un final.

Pero hoy no. Con y sin religión a mí no me basta. Los finales a mi alrededor me duelen, me intrigan y me pesan. Las personas de quien me alejo, las épocas que terminan, las vidas que se acaban. Mi insuficiencia de tiempo, mi incapacidad de ayudar y mi falta de palabras de consuelo, tanto para mí como para otros, me vuelve vulnerable ante cosas tan comunes como conocidas.

Entendimiento. Pero entenderlo no es todo. Alivio. Es lo que nos falta. Certeza. Tal vez, después. Los días de dejar de fantasear terminaron ayer.

martes 29 de septiembre de 2009

A unas semanas de cumplir 6 años los niños no piensan en el futuro y las repercusiones de aquellas primeras palabras cruzadas con los primeros niños que conocen en sus primeras clases en sus primeros días en la primaria. Pequeños milagros pasan cada inicio de año en las explanadas de estas escuelas sin que nadie lo sepa. Fenómenos sociales y personales que nadie observa y pasan inadvertidos frente a nosotros. Así, Susana sentada junto a Alejandro bastó para iniciar esta historia.

Ella pequeña, blanca, cabello negro, pantalones rojos propios de los 90 (significado: horribles), zapatos negros, camisa blanca, cabello lacio hasta los hombros, mirada al frente, seriedad total. Él moreno, no tan pequeño como ella, camisa blanca, pantalones oscuros (azules o negros, quién lo recuerda), zapatos negros muy limpios, ojos curiosos. Sentados uno junto al otro.

La vida tiene sus maneras de jugar con uno: ella no debería estar aquí, ni siquiera vive cerca, pero para que se vaya a casa con su prima al salir de la escuela han dado la dirección de su tía como si fuera la suya. Él tampoco vive cerca y no debería estar aquí, él tiene la dirección de su abuela como suya también por conveniencia del trabajo de sus padres.

Pequeños e imperceptibles milagros suceden día a día cuando la vida nos regala una oportunidad, la inocencia nos permite abrirnos y la felicidad nos recibe con los brazos abiertos.


tonight i'll dream while i'm in bed
when sill thoughts go through my head
about the bugs and alphabet
and when i wake tomorrow i'll bet
that you and i will walk together again
cause i can tell that we are going to be friends
The White Stripes

miércoles 23 de septiembre de 2009

Sin palabras

Sentimentalismo estúpido, silencio vacío de palabras que nunca escucharás, lógica irrefutable de las verdades de la vida, amor y odio conjugados en una sola oración, colores descritos de objetos hoy intangibles, caricias de manos lejanas e invisibles, sustento de ideales patrios vivos y muertos, reflejo de toda una cultura y falta de ella, deseo innato.
La palabra es uno de los mejores inventos de la humanidad y me duele en el poco orgullo humano que aún me queda verla transformada en moda, en blasfemia (no en el estricto sentido religioso), en requisito, en música-comercial-mal-hecha adornando los antros-de-súper-ultra-mega-nice.

Otra carencia del sistema educativo de México, del capitalismo mundial y de la actitud social hoy corroída por las prisas de un mundo que vive especulando. Dolor de cabeza para pocos, dolor de corazón para menos, la subestimación en la que se tiene el poder de la palabra bajo la cual, por cierto, se han iniciado Revoluciones enteras y sustentado golpes de Estado, alcanzado derechos y defendido ideales, principio de la historia y distinción del humano con el resto de sus hermanos animales, es hoy día uno de los pendientes qué resolver luego de la crisis, la violencia, las drogas, la falta de Dios en las vidas de los jóvenes mexicanos, los problemas hondureños, peruanos, japoneses, venezolanos, húngaros, croatas, finlandeses, sudafricanos, estadounidenses, económicos, políticos, religiosos, deportivos, sociales, tecnológicos, automotrices, espaciales, naturales. Siempre se puede resolver después.

martes 22 de septiembre de 2009

Sin remitente


Entiendo perfecto que todos somos diferentes, que tu soledad ha sido mayor que la mía y que a veces una compañía imperfecta es reconfortante. Pero te quiero. Lamento verte sumido en ese estado de sonambulismo donde ya no pareces tú, sino una mala copia de ella. Y de por sí la original no me agrada.

No le deseo nada malo, al contrario, le deseo todo lo que ella busca en un hombre y que sé que tú no tienes. Tal vez la apariciencia sí. No es que crea poco de ti, es que ella trata de cambiarte convirtiéndote en un Ken hecho a la medida que acompaña su bolsa, sus zapatos, su carro y su café in.

Qué triste ver a un amigo con la vista nublada y el corazón encogido para sentir que el amor se le desborda. Qué triste esperar que comprendamos eso sabiendo cuánto te apreciamos. Qué triste bajar los estándares de calidad para conformarse con no estar solo. Qué triste que alguien mejor para ti ande por ahí y tú no estés ya buscando. Qué triste no poder decirte esto de frente.

Pero los amigos están. Solos, desairados, cansados, ansiosos, pero están.

Extraño tu empatía y tus ganas de querer algo más, extraño que pienses en ti antes que en los demás. Cuántas veces nos hacías alguna grosería que finalmente nos hacía seguir ríendo cuando te ibas molesto. Hoy agachas la cabeza por alguien poco comprensivo, alguien que no aprecia ni la mitad de lo que eres, alguien que no te quiere como tú a ella. Nos escondes y nos evades para no recordar las partes de ti que no le gustan a ella. Qué triste que no quieras esta parte de ti que te extraña tanto.

Te extraño.